domingo, 2 de abril de 2017

Conferencia de Antonio Jesús González en el marco de la XV Bienal de Fotografía de Córdoba: Fotoperiodistas y Fotografías de la Guerra Civil en Córdoba

Antes de ayer 31 de Marzo de 2017, el gran experto en fotografía e historiador de la misma Antonio Jesús González pronunció en la Sala Vimcorsa de Córdoba la conferencia titulada Fotoperiodistas y Fotografías de la Guerra Civil en Córdoba, en el marco de la XV Bienal Internacional de Fotografía que se celebra este año en la ciudad.


Manuel Fernández, Presidente de la Asociación de la Prensa (a la derecha de la imagen), durante su presentación de la conferencia Fotoperiodistas y Fotografías de la Guerra Civil en Córdoba impartida por Antonio Jesús González ( a la izquierda) y que tuvo una gran asistencia de público.

Portada de la revista ilustrada Ahora con una fotografía realizada por el fotógrafo Marina a finales de agosto de 1936 en la zona de Cerro Muriano y en la que se aprecia un grupo de milicianos andaluces a caballo y armados con escopetas de caza.

La conferencia mostró imágenes realizadas por fotógrafos de ambos bandos de la contienda, posibilitando así el tener una visión más amplia de como se vivió la Guerra Civil en la provincia de Córdoba, con un amplio surtido de fotografías y portadas de revistas y periódicos de la época procedentes de diferentes colecciones y archivos (a destacar sobre todo las imágenes de la colección de Juan Manuel Fernández Delgado, hoy por hoy la más importante en este ámbito a nivel mundial, y la labor de Ana Verdú — Directora del Archivo Municipal de Córdoba— y su equipo, gracias a cuyo trabajo fue posible ubicar a algunos de los fotógrafos cordobeses cuyas imágenes fueron mostradas en este evento).


La calidad de conservación de un elevado porcentaje de la documentación gráfica exhibida en esta histórica conferencia fue otro de los alicientes de la misma y generó inefables niveles de entusiasmo, ya que poder ver estas imágenes proyectadas en pantalla grande constituye un auténtico deleite visual para cualquier amante de la historia en general y de la fotografía clásica de blanco y negro en particular.


Leica 1 (Model C Standard Mount) con objetivo Leitz Elmar 50 mm f/3.5 y Zeiss Ikon Contax I con objetivo Carl Zeiss Jena Tessar 5 cm f/2.8, dos de las cámaras que utilizaban película en formato 24 x 36 mm y que con sus muy pequeñas dimensiones y ligero peso revolucionaron el fotoperiodismo a principios de los años treinta, ya que las nuevas tecnologías de miniaturización de componentes mecánicos y sistemas de fabricación de cámaras de 35 mm así como los diseños ópticos estado del arte para la época de Max Berek (Ernst Leitz Wetzlar) y Ludwig Bertele (Carl Zeiss Jena) igualmente caracterizados por su muy reducido tamaño y peso y que obtenían una gran calidad de imagen permitiendo disparar a pulso sin trepidación incluso a bajas velocidades de obturación de 1/20 seg (con la ventaja añadida de 36 disparos consecutivos sin recargar), permitieron a los fotógrafos una mucho mayor libertad de movimientos y capacidad de anticipación, en comparación con las cámaras de gran formato y formato medio que habían predominado en el ámbito profesional hasta ese momento.

La Leica 1 (Model C Standard Mount) fabricada entre 1931 y 1933 era básicamente idéntica a la Leica 1 (Model C Non Standard Mount) producida entre 1930 y 1931, pero con la novedad de que por primera vez podían acoplarse a la cámara objetivos de distinta longitud focal y no era necesario adaptar cada óptica específica a un cuerpo de cámara concreto.ya que la brida de montaje con respecto al plano de película se fijó en 28.8 mm y todos los objetivos eran fabricados conforme a esta característica.

Poco después, la aparición de las todavía más revolucionarias Leica II (Model D) en 1932 con una amplia gama de ópticas plenamente intercambiables así como telémetro incorporado y la Leica III (Model F) en 1933 a la que se dotó en su zona frontal derecha de un dial especial para velocidades lentas 1/8 seg, 1/4 seg, 1/2 seg y 1 seg, ambas diseñadas (al igual que la Leica 1 Model C Standard Mount) por Oskar Barnack, aumentaron notablemente las posibilidades de tiro a pulso y mejoraron sustancialmente la calidad de observación a través del visor.

Por su parte, la Contax I, diseñada por el Dr. Ingeniero Heinz Kuppenbender en 1932, fue pionera en la adopción de obturador plano focal con cortinillas metálicas de recorrido vertical. Disponía de velocidades entre 1/25 seg y 1/1000 de segundo y la ventaja añadida de poder utilizar ópticas intercambiables de primerísimo nivel (muchas de ellas diseñadas por el genio Ludwig Bertele) como el Carl Zeiss Jena Sonnar 5 cm f/1.5, el Carl Zeiss Jena Sonnar 5 cm f/2, el Carlz Zeiss Jena 85 mm f/2 y otras, además de que su telémetro acoplado tenía una base efectiva muy larga — con su propio ocular cerca del del visor — que facilitaba mucho conseguir un enfoque preciso, pero su muy complejo obturador fallaba con frecuencia y tuvo que ser sustituida en 1936 por la extraordinaria Contax II, creada por el Hubert Nerwin, diseñador jefe de Zeiss Ikon en Dresde (Alemania), y la primera cámara de 35 mm en ofrecer telémetro y visor combinados en una sola ventana, además de incorporar un obturador totalmente distinto y mucho más fiable que el de la Contax I y una velocidad de obturación máxima de 1/1250 seg, la más alta existente en aquella época en cámara alguna, con la ventaja añadida de una amplísima base de telémetro de 90 mm con una magnificación de aproximadamente 0.75x, que aportaba una longitud de base efectiva de 67.5 mm, por lo que la enorme separación entre la ventana de visor y telémetro combinados permitía una gran precisión de enfoque, incluso a máxima abertura de diafragma.


Página del diario francés L´Intransigeant del 21 de Septiembre de 1936 en cuya mitad inferior aparecen cuatro imágenes hechas por Hans Namuth y Georg Reisner en la zona de Cerro Muriano dieciséis días antes, el 5 de Septiembre de 1936.


Antonio Jesús González en un momento de su conferencia, con parte de una fotografía al fondo en la que se aprecia a dos milicianos sentados, de los cuales el de la izquierda empuña un Mosquetón Mauser Modelo 1916 de cerrojo curvo calibre 7 x 57 mm.


Página del número de la revista ilustrada francesa Regards del 24 de Septiembre de 1936 en la que aparecen varias fotografías hechas por Robert Capa en la provincia de Córdoba a principios de Septiembre de 1936.


Otro de los momentos álgidos de la conferencia: la proyección en pantalla de la página 19 del número de la revista Life del 12 de Julio de 1936 con la icónica fotografía El Miliciano Abatido, todo un símbolo de la Guerra Civil Española.


El nivel de atención y respetuoso silencio por parte de los numerosos asistentes fue fiel reflejo del enorme interés que suscita hoy en día, 78 años después de su fin en 1939, la Guerra Civil Española con sus múltiples singularidades y sus imágenes atemporales.


Visita del general Franco a Córdoba, poco después de terminar la Guerra Civil Española en 1939.

La fotografía fue hecha en la Plaza de las Tendillas por el fotógrafo cordobés Torres.

La provincia de Córdoba fue una de las que más resistencia opuso a la sublevación militar del 18 de Julio de 1936, con abundantes batallas con elevadas cifras de muertos y muchos asesinatos en retaguardia por parte de ambos bandos (sobre todo durante 1936) por lo que fue una de las zonas de España en las que la represión franquista fue mayor, tanto durante la guerra como en la posguerra, tal y como explica D. Francisco Moreno Gómez en su monumental obra de 784 páginas La Guerra Civil en Córdoba, publicada en 1985.


Página del diario republicano Ahora de mediados de Septiembre de 1936 con el titular La Reconquista de Andalucía.

Bajo una de las imágenes captadas por el fotógrafo Marina (la que aparece en la mitad inferior izquierda), el pie de foto dice que el comandante Balibrea regresa a posiciones republicanas después del ataque sobre Cerro Muriano en unión de otro jefe, y que ambos montan caballos cogidos a los moros, mientras que en el texto referente a la imagen de la mitad inferior derecha, también realizada por Marina, se afirma: " Una de las guerrillas se apodera de un camión abandonado en su fuga por los rebeldes ".

Pero la realidad había sido que los días 5 y 6 de Septiembre de 1936 un devastador ataque franquista con tres columnas lanzado por el general Varela había capturado tras dura batalla las colinas Torreárboles y Las Malagueñas, La Finca de Villa Alicia y Cerro Muriano pueblo, lo cual libró de presión a Córdoba capital (en manos franquistas) e impidió definitivamente cualquier futuro intento republicano por conquistar la ciudad.

Un ejemplo más de la habitual desinformación intencionada y ocultación total o parcial de la realidad utilizada por ambos bandos durante todo el conflicto y que tendría continuidad durante las siguientes guerras del siglo XX y XXI


Antonio Jesús González, auténtica enciclopedia fotográfica viviente, en plena disertación durante su conferencia el 31 de Marzo de 2017 en Córdoba.

Reconocido fotoperiodista cordobés con treinta y cuatro años de experiencia en la creación de imágenes (es redactor gráfico y responsable del Archivo del Diario Córdoba desde 1986 - año en el que además colaboró con Tor Eigeland en la revista National Geographic-, fue corresponsal de la Agencia EFE en Córdoba entre 1991 y 1994 y ha publicado sus fotografías en la casi totalidad de prensa diaria y semanal española - El País, Diario 16, El Mundo, ABC, Tiempo, La Vanguardia, Interviú, Diario de Córdoba y otros medios-, además de contar en su haber con una acreditada trayectoria como comisario fotográfico, conferenciante, moderador, ponente, profesor, y miembro de jurado en una amplia gama de concursos fotográficos, con el complemento añadido de una sólida formación fotográfica que incluyó cursos con Eva Rubinstein y Koldo Chamorro en 1988).

Sus conocimientos sobre fotografía en todos sus ámbitos son ciertamente tremendos, al igual que su humildad — cualidad sólo al alcance de los verdaderamente grandes e importantes — y ha sido una figura fundamental en la preservación del legado y patrimonio fotográfico cordobés y andaluz, encomiable labor que ha desarrollado con gran altruismo y pasión durante más de veinticinco años, con excelentes artículos y videos en los que ha dedicado muchísimas horas de su vida a potenciar la memoria y acervo de imágenes de fotógrafos como Rafael Garzón Rodríguez, José García Córdoba, Emilio Godes Hurtado, Montilla, Manuel Alcalá, J. Albors, Tomás Molina, José García Córdoba, Ricardo, Tejada, Francisco Linares, Framar, Ladislao Rodríguez Benítez, Juan Vacas, José Gálvez, Ladislao Rodríguez Galán, Francisco Sánchez Moreno y muchos otros.

Especialmente significativos en esta faceta son sus libros libros La Mezquita de Plata, Un Siglo de Fotografías y Fotógrafos de Córdoba (1840-1939), Postales Andaluzas, Rafael Señán y la Fotografía Turística 1864-1911 (en colaboración con Eva María Delgado Sánchez), Córdoba Siglo XX, Fotoperiodismo, Noticias y Prensa Cordobesa 1900-2010 y Fotógrafo de Guerra, Historia de la Fotografía de Guerra en España. También ha participado en los congresos de Historia de la Fotografía Andaluza y de Historia de la Fotografía Española a través de varias ponencias y comunicaciones.

Es además coleccionista de obra fotográfica antigua, tanto sobre papel fotográfico de blanco y negro como ambrotipos, calotipos, daguerrotipos, etc.


Una de las fotografías más espectaculares de esta trascendental conferencia: el fotógrafo cordobés Antonio Linares en 1937 subido en su soberbia motocicleta Indian Sport Scout 101 de 1929 con motor de 750 c.c bicilíndrico en V, 20 C.V de potencia, válvulas laterales y dos árboles de levas (uno para cada grupo de válvulas) y cuya transmisión de tres velocidades iba fijada con tornillos a la parte trasera del cárter del cigüeñal, con la que viajó por muchos pueblos de la provincia de Córdoba (Alcazarejos, Baena, Cañete de las Torres, Doña Mencía, Villafranca, Valenzuela, Aguilar de la Frontera, Benamejí, Bujalance, Cabra, La Carlota, Fernán Núñez, Lucena, Montilla, Peñarroya, Pozoblanco, Puente Genil, Villanueva y otros).


Otro instante de la conferencia con proyección en pantalla de una de las páginas de un número del diario ilustrado La Voz de 1937.

Este periódico de orientación republicana moderada fue uno de los referentes cualitativos de la época en España y el pionero en la provincia de Córdoba en utilizar la fotografía como elemento informativo, y durante toda la Guerra Civil Española publicó entre dos y cinco imágenes diarias, hechas por fotógrafos como Domingo García Santos, Antonio Linares, Francisco Montilla y otros, profesionales de la fotografía social y el retrato de estudio que a consecuencia del conflicto bélico tuvieron que convertirse de la noche a la mañana en fotoperiodistas de guerra que trabajaban con muchas dificultades, entre ellas la habitual baja calidad del papel y la escasez de película fotográfica.


Portada de un número de la revista Azul de Noviembre de 1938 con dos fotografías hechas por el fotógrafo Cristóbal Velasco a víctimas del bombardeo republicano de la ciudad de Cabra (Córdoba) el día 7 de dicho mes por tres aviones soviéticos Tupolev SB-2 Katiuska y que causó 109 muertos y más de 200 heridos entre la población civil de la localidad.

Este ataque de la aviación republicana, cuyo principal objetivo fue el mercado de abastos del pueblo, fue en gran medida desconocido durante décadas hasta que el testimonio de varios ancianos y ancianas del pueblo que poco a poco fueron informando de los hechos, la progresiva aparición de fotografías de víctimas mortales del bombardeo en diferentes publicaciones de la época y la profunda investigación de D. Patricio Hidalgo Luque revelaron la realidad sobre lo acontecido.

Por otra parte, los indicios apuntan claramente a que este ataque fue realizado a instancias de Kuzmá Kachánov, Consejero Militar Jefe de Stalin en España (que tenía mucho poder e influencia, ya que a finales de 1938 la República Española estaba al borde de la derrota y dependía totalmente de la URSS en cuanto a suministro de material bélico), conocedor de que la Guerra Civil Española estaba perdida tras la toma por asalto de la Sierra de Cavalls por parte de la 1ª División de Navarra ( a la que Franco puso al mando del coronel Mohammed Ben Mizzian) un mes antes, en Octubre de 1938, que rompería definitivamente el frente de la Batalla del Ebro y facilitaría un ataque masivo contra Cataluña y el final de la guerra en pocos meses.

Por ello, con la intención de desviar la atención en la medida de lo posible con respecto a lo que estaba ocurriendo en Cataluña y muy especialmente para seguir probando la capacidad de destrucción del bombardero ligero táctico bimotor monoplano diseñado para misiones en la retaguardia enemiga Tupolev SB-2 Katiuska (cuyo primer vuelo de pruebas había tenido lugar tan solo un año y once meses antes, el 7 de octubre de 1934, mientras que el primer avión de producción salió de la fábrica nº 22 de Moscú a finales de 1935, al tiempo que en Octubre de 1936 llegaron a Cartagena los primeros 31 aparatos con tripulaciones soviéticas y que fueron encuadrados en el Grupo 12), se decidió atacar una población que se encontraba en territorio franquista pero que no era objetivo militar alguno y estaba lejos del frente, una práctica habitual por parte de ambos contendientes durante la Guerra Civil Española, que en gran medida fue un banco de pruebas para tres grandes potencias europeas (Alemania, Italia y la Unión Soviética), y que anticiparía los masivos bombardeos sobre población civil que tendrían lugar durante la Segunda Guerra Mundial y de los que fueron precursores en España los tremendos bombardeos sobre Madrid, Barcelona, Valencia, Lérida y otros realizados por la aviación franquista y en menor medida (la potencia, capacidad destructiva de las aeronaves y calidad de los pilotos del bando nacional, sobre todo los alemanes de la Legión Cóndor, era muy superior) los bombardeos republicanos sobre Salamanca, Valladolid, Burgos, Zaragoza, Córdoba capital, Cabra y Sevilla.



Página del diario de Madrid Ahora del 6 de Septiembre de 1936, con imágenes de posiciones defensivas republicanas (con notable presencia de ametralladoras) captadas por el fotógrafo Marina el 1 o 2 de Septiembre de 1936 en las colinas Torreárboles y Las Malagueñas, tan sólo tres o cuatro días antes del devastador ataque con tres columnas lanzado por el general Varela sobre Cerro Muriano.

Aunque en el titular puede leerse En el Frente Cordobés el Enemigo se Repliega Sobre la Ciudad, la realidad es que las muy abundantes fuerzas republicanas que defendían Torreárboles, Las Malagueñas, la Finca de Villa Alicia y Cerro Muriano esperaban de un momento a otro el ataque de las tropas franquistas, ya que los oficiales de Estado Mayor republicanos (comandantes Juan Bernal, Armentia, Balibrea y Aviraneta) que mandaban dichos efectivos eran militares con alta cualificación y experiencia, y sabían de antemano que el general Varela (hombre curtido en muchísimas batallas en la guerra de Africa y gran experto en el diseño de misiones ofensivas frente a tropas superiores en número) intentaría aniquilarles cuanto antes y tomar por asalto Cerro Muriano para liberar de presión a la capital cordobesa (en manos franquistas) y evitar el peligro de futuros ataques sobre la ciudad.

De hecho, en el momento en que este rotativo republicano salió a la calle el 6 de Septiembre de 1936 en Madrid, las tropas franquistas estaban ya acabando con los últimos reductos de resistencia republicana en Cerro Muriano, que sería finalmente capturado aproximadamente a las 10:00 h de la mañana de dicho día.

En otro orden de cosas, de entre todos los fotoperiodistas españoles que cubrieron la Guerra Civil en Córdoba, Marina fue el más dinámico en sus imágenes y mayormente vinculado al fotoperiodismo moderno que había nacido en Alemania a mediados de los años veinte, frente a los fotógrafos de guerra del bando franquista, cuyo modo de trabajar y obtención de imágenes mucho más estáticas y frecuentemente posados estaban más vinculados al pictorialismo con cámaras de gran formato.







Imagen captada en 1936 por el fotógrafo Juan José Serrano en la que se aprecia un carro de combate ligero republicano T-26 de 10, 5 toneladas y tripulación de tres hombres capturado por las tropas franquistas y expuesto en la Plaza de las Tendillas de Córdoba capital.

Juan José Serrano Gómez había adquirido una gran experiencia previa como fotógrafo entre 1905 y 1915 en el famoso estudio de Alfonso en Madrid, trasladándose a Sevilla durante los años veinte, donde instaló un estudio propio, además de publicar sus fotografias en las revistas Nuevo Mundo, Mundo Gráfico y La Esfera de Madrid, así como en La Unión, El Noticiero Sevillano, El Liberal de Sevilla, El Sol, La Tribuna, Sombras, Informaciones, Cosmópolis, Blanco y Negro y otros).

Fue asimismo reportero de la empresa francesa Pathé y uno de los primeros profesionales españoles que aplicaron la cámara cinematográfica al periodismo, además de haber hecho la última fotografía de Benito Pérez Galdós, cubrir el Desastre de Annual, Casas Viejas y un retrato a la reina Victoria Eugenia en el Alcázar de Segovia



Portada de un número del semanario La Estampa, una publicación que desde el punto de vista de la calidad de la reproducción de imágenes fue con diferencia el referente entre los periódicos y revistas ilustradas de la época.

Fundado en enero de 1928 por Luis Montiel Balanzat, inició su andadura con orientación monárquica moderada, aunque desde el comienzo de la Guerra Civil Española hasta Agosto de 1938 (año de su desaparición) se convirtió en órgano del Frente Popular.

Su éxito fue tal que llegó a vender con frecuencia 200.000 ejemplares y constituyó una fuerte competencia para diarios muy consolidados como ABC, Mundo Gráfico, La Esfera, Blanco y Negro, Nuevo Mundo y otras.

Desde sus inicios, La Estampa fue un rotativo madrileño muy influenciado por la vanguardista prensa gráfica alemana (encarnada por legendarias publicaciones ilustradas como Berliner Illustrierte Zeitung, Müncher Illustrierte Presse y Die Dame, del Grupo Editorial Ullstein), por lo que por lo que propugnaba una información periodística en la que las imágenes eran las verdaderas protagonistas y un elemento esencial del periodismo gráfico, por lo que uno de los factores más importantes de su gran difusión durante finales de los años veinte y década de los treinta fue su fabuloso sistema de reproducción mediante la técnica artesanal del huecograbado.

Texto y Fotos: José Manuel Serrano Esparza